La educación es la instrucción más los valores, es decir, no sólo basta con enseñar conocimientos de lengua, matemáticas, conocimiento del medio, etc., sino saber transmitir valores como el sacrificio, el compromiso y la entrega. Antes la gente estaba mucho más preparada para afrontar las adversidades que ofrecía la realidad porque el ambiente era totalmente lo contrario a hoy, es decir, en la sociedad se daban muchos problemas y muchas dificultades, había guerras, y pocas cosas estaban permitidas, pero ahora todo vale, todo está permitido, con lo que hemos pasado totalmente al extremo opuesto y pienso que no es eso lo que se debe hacer. Ni una cosa ni la otra. Las nuevas generaciones (en la que me incluyo) no están preparadas para afrontar la adversidad, el fracaso y el error, pues cuando se enfrenten a esa durísima realidad quizás no puedan o no sepan. Los niños de hoy en día pueden llegar a ser gente abierta, tolerante, con un espíritu constructivo, que domina la tecnología y los idiomas, pero cuando pongan los pies en la realidad pura y dura, ¿van a ser capaces de tolerar la adversidad? Además, a los jóvenes la insatisfacción nos viene muy rápido, porque como también nos han cubierto nuestras necesidades muy rápido, el deseo insatisfecho lo soportamos muy mal.
«La educación no crea al hombre, le ayuda a crearse a sí mismo» (M. Debesse)
Las ideas transforman el mundo, pero es necesario tener valentía para ponerlas en práctica y eso es lo que tenemos que hacer los futuros profesores. Pero para ello, no basta que sepamos lo que hay que hacer si no nos comprometemos en el servicio al educando. Por eso creo que los nuevos cursos deben servir para clarificar las ideas y alentar en la acción.
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